Saúl Monreal, senador
La aprobación del llamado “Plan B” de la reforma electoral en el Senado de la República marca un momento importante en la vida pública de nuestro país, no se trata solamente de un ajuste legal, sino de un paso firme dentro de un proceso más amplio que es el de consolidar una democracia más austera, más eficiente y más cercana a la gente.
Durante años, los órganos electorales en México fueron creciendo en estructura y presupuesto, muchas veces alejándose de la realidad que viven millones de mexicanas y mexicanos. Por eso, esta reforma tiene un objetivo claro: poner orden, reducir excesos y garantizar que los recursos públicos se utilicen con responsabilidad. Esa es la esencia del “Plan B”, y es lo que se logró aprobar en lo general.
Como suele ocurrir en los debates de fondo, hubo posturas encontradas. La oposición, sin embargo, volvió a quedarse corta en argumentos. Más allá de descalificaciones y discursos alarmistas, no lograron plantear una alternativa seria que respondiera a las exigencias actuales de la ciudadanía. Han querido presentar algunos ajustes en la discusión particular como una victoria, pero lo cierto es que el corazón de la reforma sigue firme y fue avalado por la mayoría.
En un sistema democrático, el diálogo y la construcción de acuerdos son fundamentales. Hubo modificaciones, sí, como parte del proceso legislativo. Eso no representa una debilidad, sino una muestra de que las decisiones se toman con responsabilidad, escuchando distintas voces. Lo importante es que el objetivo central no se perdió: avanzar hacia un modelo electoral más racional y menos costoso.
También es importante subrayar que este proceso refleja la dinámica de una coalición plural. Los partidos que acompañamos este proyecto compartimos una visión general de transformación, pero también expresamos matices. Eso es sano en democracia. Lejos de significar una ruptura, demuestra que las decisiones se construyen a partir del diálogo y no de la imposición.
Lo que sí debe quedar claro es que la transformación continúa. Este gobierno y este movimiento han demostrado que se puede legislar con un sentido social, poniendo en el centro a la gente y no a las estructuras burocráticas. Cada paso que damos busca fortalecer las instituciones, no debilitarlas, pero hacerlo con una lógica distinta: la de la austeridad, la transparencia y la cercanía con el pueblo.
Por ello, desde el Senado reiteramos nuestro respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha encabezado con claridad este proyecto de nación. Hay rumbo, hay convicción y hay compromiso para seguir avanzando en la consolidación de la Cuarta Transformación.
La aprobación del “Plan B” no es el final del camino, sino parte de un proceso continuo. Habrá retos, como siempre los hay en cualquier democracia viva, pero lo fundamental es que hoy México sigue avanzando con paso firme hacia un sistema más justo, más equilibrado y más cercano a su gente.