Ormuz, botín de guerra o la llave del mundo

Saúl Monreal, senador

Amigas y amigos, soy su amigo, Saúl Monreal Ávila, en toda guerra hay territorios simbólicos y territorios estratégicos, el estrecho de Ormuz pertenece a la segunda categoría, no es solamente un punto en el mapa, sino una válvula del sistema energético mundial. Por eso, cuando el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán escaló de la confrontación militar al control marítimo, Ormuz dejó de ser un accidente geográfico para convertirse en el centro del tablero geopolítico.

La razón de su relevancia es brutalmente simple, por ese estrecho transita cerca de una quinta parte del petróleo del mundo y una proporción crítica del gas natural licuado que consumen Asia, Europa y buena parte del mercado internacional. No se trata solo de barcos; se trata de energía, fertilizantes, cadenas logísticas, inflación y estabilidad económica global. Cuando Ormuz se tensiona, no tiembla únicamente Medio Oriente, tiemblan los precios de los combustibles, los mercados y la seguridad alimentaria de medio planeta.

Irán entendió muy bien com poder enfrentar de tú a tú a Estados Unidos, en caso de no estar en igualdad de condiciones en poder aéreo o naval convencional, podía golpear donde más duele: en el costo económico del conflicto. Su apuesta no fue solo derrotar militarmente a Washington, sino elevar el precio político y financiero de la guerra. Lo hizo mediante una estrategia asimétrica: amenazas al tránsito marítimo, presión sobre petroleros, guerra de desgaste y control del paso más sensible del comercio energético mundial. Esa maniobra convirtió esa guerra en un problema global.

Washington también entendió el mensaje, por eso la discusión dejó de centrarse exclusivamente en misiles, instalaciones nucleares o retaliaciones militares, y se desplazó al control de las rutas marítimas. Reabrir o asegurar Ormuz no era solo un objetivo táctico: era la diferencia entre una guerra contenida y una crisis internacional con efectos en los bolsillos de millones de personas. De ahí que el estrecho se volviera prioridad diplomática, militar y económica.

Lo verdaderamente alarmante es que Ormuz exhibió una verdad incómoda: en el siglo XXI ya no basta con dominar el cielo para ganar una guerra; también hay que controlar los estrechos, los puertos y las arterias del comercio global. Hoy, el poder no solo se mide en bombas, sino en capacidad de estrangular rutas estratégicas.

Y eso explica por qué Ormuz cobró tanta relevancia: porque ahí no solo se disputa una guerra, sino el precio del orden mundial.

Gracias por leernos aquí en Radioevolución.com como cada semana.

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