Antonio Valentín Argüelles Rivera
Amigas y amigos, la opinión de este día gira en torno a la congruencia o, más bien, incongruencia de nuestra clase política, llámese del color que sea, de las siglas del partido que sean.
Nos damos cuenta, como zacatecanos de este gran estado, de que existen problemas que surgen dentro del gremio de agricultores, de ganaderos, de médicos, en la Universidad Autónoma de Zacatecas con los profesores; en fin, salen al por mayor. Y salen porque esa clase política que cambia de color, como le llaman coloquialmente, “chapulinea”: un día son rojos, tricolores, guindas, azules; regresan, van y vienen solamente por el ansia y el hambre de un puesto de poder.
Nos vienen y nos dicen lo que queremos oír en muchas ocasiones, pero nada más para llegar, para estar. Y donde unos llegan, los otros los ven con resabio.
En esta situación que hubo la semana pasada de protestas, donde se le salió del control al Ejecutivo del estado, mandaron granaderos y fue una actitud francamente agresiva, en lugar de persuasiva o bien de diálogo.
Los actores políticos van y visitan medidas de protección, cuando las medidas de protección las debemos solicitar nosotros, los ciudadanos, en contra de las decisiones que están tomando quienes tienen las riendas del poder del estado y también del poder en los municipios, donde hacen barbaridad y media, donde ponen a cada personaje que no es el más capacitado, pero sí es el amigo, el compadre, la amante.
Y, pues bueno, se sienten agraviados o dolidos, cuando la gente es la que está harta e insatisfecha de esa incongruencia. Y lo resalto y subrayo: la incongruencia entre lo que se dice en campaña, en lo que se sientan en una mesa de negociaciones y ofrecen, y después pasa el tiempo y piensan que la gente es solamente un número más o, vamos a ponerlo así en tonos campiranos, como si fuera un hormiguero y llegas tú a decir qué es lo que las hormigas deben de hacer.
No, no es eso. Ya estamos cansados los zacatecanos.
Y porque sales a otros estados vecinos de Zacatecas y ves que no existe el mismo nivel de protestas; no porque todo sea magia y no todo sea correcto allá, pero no es el mismo nivel de protestas, no es el mismo nivel de enfado que la gente ya tiene en contra de las personas que toman las decisiones.
Y bueno, me voy también ahora en esta parte de mi comentario a señalar o enfatizar que, desgraciadamente, unos están tomando mal las decisiones, las personas van, protestan y el otro grupo político va y los azuza y aprovecha esos espacios para enredarse en esas protestas, pero no dan soluciones.
No es lo mismo darles la palmadita y decir “adelante”, o la botella de agua y “síguele”, para luego después llegar al poder al desgaste de la otra fracción y cometer exactamente lo mismo.
Aquí el tema es soluciones. No las hay. Solamente es un golpeteo entre un grupo y el otro, el que no tiene el poder y viceversa, para llegar. Cambian los roles y cada seis años es lo mismo; cada tres, con las elecciones intermedias, no hay soluciones.
Por eso el estado está como está, con estos números tan bajos o por debajo de la media nacional, cuando estamos en el norcentro-norte del país y, válgame Dios, todos los demás estados nos rebasan en los indicadores de bienestar social, de seguridad, de empleo, de acceso a la salud.
Es lamentable. Y todo porque nuestra clase política, y lo reitero, de todos los colores, cuando son candidatos ofrecen algo: un eslogan bonito, un buen discurso, lengua, nada más rollo. Pero no hay que olvidar: un buen eslogan como “Amor con amor se paga” no nos ha dado ningún resultado.
Y los que vendrán en las próximas elecciones del 27, sin embargo, pues hay que tener en cuenta también a las personas, no a los grupos políticos, a las personas como tal.
Y no es lo mismo un buen candidato que un buen funcionario.
Hay que ver y valorar al funcionario que tiene las tablas, que tiene el nivel, que tiene la experiencia, que tiene el conocimiento y que tiene las relaciones también para hacer un buen papel, para tomar las mejores decisiones y escoger un buen equipo.