Mario Padilla
El 18 de julio, cuando fueron asesinadas 10 personas, empresarios, se generó una movilización muy fuerte de seguridad en este estado. Tanto, que llegaron fuerzas especiales, los denominados “Murciélagos”, y comenzó una operación rastrillo.
Rastrillo es, en términos castrenses, como peinar una zona. Desde aquí, desde el área de Zacatecas, que no es el centro del estado, hacia las zonas serranas, casi en los límites con Durango y, si fuera necesario, más allá.
Así lo dijeron. Así lo respetamos.
¿Por qué? Porque ya hay 14 detenidos, hubo 17 cateos y se están investigando 32 mil archivos fotográficos. Se está investigando todo.
El viernes y sábado próximos pasados hubo un suceso en Luis Moya que puso en alerta no solamente a los habitantes de la comunidad de Barranquillas, en Luis Moya, sino también allá, en Cosío, Aguascalientes, una comunidad de ese municipio.
¿Por qué? Una explosión sacudió la zona. Hubo un ataque contra policías: uno murió, otro resultó gravemente herido y uno más también resultó lesionado, aunque, hasta donde tenemos entendido, ambos se encuentran estables.
Luego de este suceso, el sábado, la Fuerza de Reacción Inmediata y la Policía de Investigación fueron agredidas en Calera de Víctor Rosales. Como resultado, se aseguraron armas, vehículos y cinco de los atacantes murieron.
El Gobierno del Estado salió con el discurso, con la narrativa, de que se trata de una respuesta al operativo Rastrillo y a las acciones que se realizan en relación con lo sucedido el 18 de julio.
Podría ser. No es descartable. Si bien la verdad oficial no necesariamente es la verdad, tampoco podemos decir que necesariamente sea una mentira. Pero sí trataron de meter estos hechos en esa narrativa.
Y viene a colación el comentario porque, le reitero, los hechos ocurrieron entre el viernes, ya muy cerca de la medianoche, y el sábado muy temprano.
Sin embargo, fue hasta hoy, lunes 3 de agosto, cuando la autoridad tuvo a bien actualizar la información.
No hay una política de comunicación al respecto. Ni siquiera creo que entiendan el concepto de comunicación política.
Tanto así que a veces, en conferencias, nos dicen: “¿Cómo creen que se deben hacer las notas?”. Y va en el sentido específico de la visión que el emisor tiene de la idea que quiere que se difunda. Si no es su idea, entonces es una información contraria y está mal hecha.
Así ha funcionado históricamente en este estado y en este país.
Sobre todo, ¿sabe cuándo? En tiempos del priato.
Cuando el absolutismo llega a ese punto, se generan ese tipo de ideas y nadie puede mi debe pensar diferente, nadie puede opinar diferente y las cosas tienen que salir como yo creo que deben salir.
Pero la realidad luego tumba las cosas.
El hecho concreto es que hubo agresiones, simple y sencillamente.
¿Serían parte de esto? Es muy probable. Es altamente probable que fueran parte de una consecuencia de la operación Rastrillo.
¿Con qué elementos lo dijeron? Jamás los dieron a conocer.
Pero si el sábado hablaron de eso y hasta el lunes actualizaron la información sobre lo ocurrido, entonces sí estamos ante una situación de una política de comunicación francamente inexistente, más basada en la narrativa, en esa machacadera que se quiere dar todos los días.
Me imagino que en el gobierno se la repiten todos los días para salir plenamente ideologizados a decir las cosas, perder un poco el piso y perder también el sentido social de lo que ocurre.
Porque hoy repitieron el mantrae: bajaron los homicidios. Y horas más tarde tres mujeres fueron agredidas a balazos en Jerez y una murió.
Sí, de acuerdo, bajaron los homicidios, pero ha subido la extorsión, está subiendo la violencia familiar, se está acabando esa parte del tejido social que tanto dijeron que querían regenerar.
No se ha regenerado absolutamente nada.
Porque una despensa no acabará con una situación de violencia intrafamiliar. Porque dos despensas no van a acabar con un hecho de extorsión.
Es muy noble acto entregar apoyos. Claro que lo es. Pero, por el otro lado, hay situaciones que deben detenerse y hay que salirse del discurso.
Cada vez tengo más la impresión —no sé usted— de que los hechos están tumbando la narrativa de la nueva, ya ni tan nueva, gobernanza.