Mario Padilla
El discurso oficial choca con la realidad. David Monreal, el gobernador, asegura que Zacatecas redujo en 97 por ciento los homicidios dolosos en un lustro, cual mantra, y vuelve a comparar la situación actual con los niveles de violencia registrados durante los gobiernos de Miguel Alonso —¿no le levantó el brazo rumbo a la gubernatura?— y Alejandro Tello.
El dato merece atención, pero también contexto, porque mientras el gobierno presume casi a diario la reducción estadística, en los últimos días hubo ataques armados de alto impacto: una mujer asesinada y dos heridas en Jerez; un ataque con explosivos contra policías en los límites con Aguascalientes, que dejó al cuarto policía muerto en 2026, y un enfrentamiento en Calera que dejó cinco presuntos agresores muertos.
En esos dos casos, la información completa se dio hasta el lunes. Eso refleja, una vez más, la ausencia de comunicación y de oportunidad informativa. Porque en el municipio de Joaquín Amaro hubo un ataque al Ejército y a las fuerzas de seguridad; el resultado fue un atacante muerto y dos mujeres adolescentes detenidas.
Pero hay un punto importante que debe destacarse: una cosa es la reducción de homicidios y otra la percepción de seguridad. Esta última siempre les ha dolido, en el afán de querer tener el gobierno perfecto que pase a la historia, pero no será por eso.
El gobierno puede mostrar mejores números, todos los que desee, pero la ciudadanía, la población, también mide la seguridad por lo que ocurre en las calles. Y los hechos recientes recuerdan que la violencia no está resuelta. Está latente.
Desde el gobierno de Zacatecas se habla con mucha insistencia de pacificación —es un mantra que todos deben repetir hasta convencerse y convencernos— y ahora de una segunda etapa de pacificación, que tendría que ir más allá de detener delincuentes y atender causas sociales.
El reiterativo e insistente discurso de la reconstrucción del tejido social no se acerca nada a las medidas de apoyo que se asumen para con la población.
Esa etapa de pacificación, alguien debería recordárselo al gobierno y a su titular: ya no está el expresidente que tuvo que venir a instaurar el Plan Zacatecas II en materia de seguridad, porque la “nueva” gobernanza, como entonces y ahora, se la pasó repartiendo culpas, pero con pocas soluciones.
Eso es parte del discurso, de la narrativa polarizada y totalitaria de aquellos: los malos, nosotros los buenos. No extraña que lo digan tanto como quien lo crea. Y puede decirse que se entiende porque todo provino de un sistema al que pertenecieron.
El planteamiento, entonces, de pacificación es importante, pero el reto será convertirlo en resultados que puedan sentirse en la vida cotidiana.
Y ese ha sido el talón de Aquiles de la “nueva” gobernanza.
El dato puede mejorar. La realidad todavía exige cautela. Eso, sin duda.