El ejecutivo federal y su actitud de tapadera

Antonio Valentín Argüelles

Este fin de semana y la semana pasada han sido muy intensos en términos políticos. Si bien es cierto que en el estado destacó el mensaje de la presidenta Sheinbaum, también vimos cómo a nivel nacional comienza a surgir una respuesta de la oposición. Pareciera que las distintas fuerzas opositoras empiezan a articularse frente al régimen guinda.

Y es que, más allá de colores o partidos, los pesos y contrapesos son necesarios. Ha habido errores en administraciones anteriores y también en la actual; los hubo en gobiernos azules, tricolores y ahora guindas.

Por eso se necesita una oposición que cuestione, señale y haga su trabajo, porque ninguna fuerza política está exenta de equivocarse.
¿Quién sabe qué vaya a pasar en las elecciones de 2027? Habrá que esperar. Lo deseable es que el proceso transcurra de manera civilizada, con respeto y sin confrontaciones que generen problemas mayores.

Ojalá no veamos escenarios marcados por la inseguridad ni por un manejo inadecuado de la economía.

También llamó la atención la situación que vive el gobierno de Sinaloa. Dentro de la política existen señales que pocas veces requieren explicación.

Cuando un gobierno decide imponer mayores restricciones al acceso a la información pública justo en medio de rumores sobre problemas financieros, endeudamiento y manejo opaco de recursos, la interpretación ciudadana suele ser inmediata. Muchos perciben que se intenta ocultar algo o evitar el escrutinio público.

Y eso está ocurriendo ahorita en Sinaloa, un estado tan convulsionado donde incluso un exgobernador tuvo que pedir licencia tras ser señalado por presuntos vínculos con la delincuencia organizada, de acuerdo con acusaciones formuladas por autoridades de Estados Unidos.

Carajo, debemos tener muy presente que, aunque no se trata de nuestro estado, sí existen señales que coinciden con situaciones que no podemos ignorar.

Debemos tener presente, amigas y amigos, que como ciudadanos no podemos permanecer indiferentes ante lo que sucede en la esfera pública.

Desgraciadamente, existe una clase política que ha cambiado de colores con el paso del tiempo: antes fue tricolor, después amarilla y ahora guinda.

Sin embargo, más allá de las siglas, muchas de las prácticas han permanecido.
El problema de Zacatecas no son los zacatecanos. No somos un estado atrasado por su gente ni por su identidad.

Lo que durante años ha frenado nuestro desarrollo es una clase política que se recicla constantemente, que coloca a familiares, hijos, esposas y allegados en los espacios de poder, y que dificulta la renovación de la vida pública.
Mientras otros estados del norte avanzan con dinamismo, inversión y oportunidades, Zacatecas sigue enfrentando obstáculos que le impiden aprovechar todo su potencial.

Tenemos un estado con enormes fortalezas, pero también con rezagos que no pueden seguir explicándose únicamente por factores externos.

Ojalá que, frente a todos estos escenarios, los ciudadanos nos animemos a participar más, a alzar la voz, a debatir en los espacios públicos, a dialogar con nuestras familias y a ejercer un pensamiento crítico.

Y bueno, hasta aquí mi comentario de hoy. Les envío un fuerte abrazo.

Artículo Anterior

Sentencian a dos por la portación de armas

Siguiente Artículo

Diana Saucedo, titular de SEGOB en Zacatecas

Write a Comment

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

PLAY y escucha Radio Evolución