La política del miedo y la represión social

Manuel Ibarra Santos

La represión a la sociedad, mediante el uso de la violencia institucional, siempre será calificada como una expresión de la política del miedo, utilizada para intimidar a la población y evitar que esta se manifieste frente a los abusos del poder. 

Estudiosos del tema de la represión, como el politólogo norteamericano Christian Davenport denominó “gobernabilidad del terror”, al sistema fundado en la utilización de la violencia como mecanismo de control político de la sociedad.

Y en Zacatecas, la represión social mediante el uso policiaco violento, se ha convertido en un instrumento sistemático para buscar silenciar las protestas ciudadanas.

La experiencia del uso brutal de la represión en contra de campesinos, profesores y profesoras, estudiantes, mujeres, activistas sociales y del pueblo en general, del pasado fin de semana en la capital nuestro Estado, ponen en contexto la consolidación en Zacatecas de la gobernabilidad del miedo y el terror.

Pero esas prácticas también describen la derrota del diálogo civilizado y el respeto a la Ley, como rutas para la solución de los conflictos sociales.

Tenemos que enfatizar que el uso de la represión, producto de la vocación autoritaria de las burocracias oficiales y de la ineptitud para resolver los problemas sociales mediante el diálogo, sólo pueden traer desgracias para Zacatecas. Y eso hay que detenerlo.

Ante tal circunstancia, anacrónica y degradante, es pertinente recuperar en Zacatecas la visión moderna del desarrollo, fundada en el respeto a la Ley. 

La represión es definida por lo expertos, como el uso de la fuerza del gobierno para neutralizar y eliminar a los disidentes y enemigos políticos. Ella implica infundir miedo y terror en la sociedad, para inhibir las manifestaciones de protesta en contra del régimen.

Las repercusiones negativas del uso de la represión gubernamental, son al menos cinco y son las siguientes:

1).-freno al desarrollo económico;

2).-aumento de la pobreza y la desigualdad;

3).-generación de la cultura del miedo y el silencio;

4).-incremento de los niveles de impunidad;
y

5).-erosión profunda de los valores democráticos.

El reciente conflicto campesino originado por la desatención a las demandas justas de los productores de frijol, se entrampó en la incapacidad e ineptitud oficial, para ofrecer respuestas positivas. Y entonces, en una actitud inmoral, se determinó como la peor de las salidas, utilizar la brutal represión policiaca.

Pero este no es caso único. Se ha vuelto un estilo inapropiado de gobernar en Zacatecas. La represión se ha utilizado contra profesores y profesoras, pensionados y jubilados, campesinos, trabajadores del sector salud, organizaciones feministas, colectivos de madres buscadoras y, por si fuera poco, también, en contra de estudiantes.

La represión gubernamental solo está generando la fractura de la sociedad, la división y la inhibición del esfuerzo colectivo a favor el progreso. Y eso no está bien.

La circunstancia convoca en Zacatecas a jubilar el modelo de gobernabilidad basada en la utilización del terror y el miedo, como mecanismo de control político, para privilegiar ahora el diálogo democrático y el respeto a la Ley.

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