Para administrar crisis, hay fórmula

Carlos Alvarado

En Zacatecas ya encontramos la fórmula perfecta para administrar una crisis financiera. Cuando falta el dinero, se vende lo que no se supo cuidar y luego se anuncia como acto de responsabilidad.

No es mala administración, nos dicen, es estrategia, no es pérdida de patrimonio, es reordenamiento, no es desesperación, es visión de estado.

Así con lenguaje elegante hasta rematar la casa puede parecer política pública.

Ahora le tocó al Hotel Parador, uno de los bienes más importantes del Issstezac, ese instituto que durante años recibió las aportaciones de miles de trabajadores con la promesa de proteger su retiro.

Pero cuando llegó la hora de responder apareció la receta de siempre: usar el patrimonio de los trabajadores para pagar las cuentas de gobierno, porque el trabajador sí cumplió, le descontaron puntual, aportó puntual, trabajó puntual.

El que no fue puntual fue el sistema y ahora resulta que la solución es entregar el hotel parador al propio gobierno del estado para cubrir una deuda.

El acreedor cobra, el gobierno recibe el inmueble y el trabajador se queda mirando como su fondo de retiro se convierte en operación inmobiliaria.

Negocio impecable.

Tan impecable que uno casi escucha desde algún despacho aquella vieja frase absolutista, «El Estado soy yo.» Y sí, así se ve la operación.

El gobierno aparece como acreedor, como comprador, beneficiario y autoridad. Solo faltaba que también se calificara a sí mismo con 10 y felicitaciones.

Claro, todo se presenta como una compra conveniente. Conveniente, sin duda. La pregunta es, conveniente para quién, porque para el gobierno puede significar un inmueble más, para los trabajadores significa una garantía menos. Y ahí está la trampa.

Nos hacen discutir sobre el valor del hotel cuando el verdadero asunto es el valor de la palabra pública.

Durante años se les dijo a miles de personas que sus aportaciones estaban protegidas, que el sistema tenía patrimonio, que su retiro estaba respaldado.

Hoy descubren que ese respaldo también puede cambiar de dueño cuando las cuentas aprietan. Eso no es sanear un sistema de pensiones, es vender tiempo. Y el tiempo en finanzas públicas suele ser el maquillaje favorito de los gobiernos que no quieren tocar el problema de fondo.

Hoy se entrega el hotel Parador, mañana quizá otro inmueble, después una reserva y al final cuando ya nada queda, seguramente alguien propondrá una mesa de diálogo, una comisión especial y un diagnóstico profundo, porque cuando el patrimonio se acaba, la burocracia siempre encuentra papel.

El retiro de una persona no puede depender de la creatividad contable del sexenio. Una pensión no es un favor, ni una concesión, ni un regalo del gobierno en turno. Es un derecho construido con años de trabajo y aportaciones.

Por eso, la pregunta no es, ¿qué ganó el gobierno con el hotel? La pregunta es, ¿qué perdieron los trabajadores?

Soy Carlos Alvarado. Los invito a seguirme en mis redes sociales y comentar, analizar y dialogar, porque cuando el poder empieza a vender el futuro de los trabajadores, guardar silencio también sale caro. Gracias.

Artículo Anterior

Publican exhorto de Noemí Luna por medicamentos caducados

Siguiente Artículo

Destaca Carlos Puente logros de Claudia Sheinbaum

Write a Comment

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

PLAY y escucha Radio Evolución