La opinión jurídica de Jean Lovis Gallegos Murillo, abogado
¿Ustedes permitirían que otra persona se volviera millonaria mientras ustedes pagan la deuda? ¿Les parecería justo que la administración de un negocio donde ustedes son socios no sea transparente y que no se rindan cuentas?
Estas y otras preguntas nos pueden venir a la mente, pero ahora invito al lector a llevar la idea al terreno burocrático, al espacio donde el gobierno realiza esas actividades productivas por medio de sus secretarías, aquellas oficinas donde todos los ciudadanos acuden, donde los impuestos son algo similar a una inversión como en las empresas privadas, donde el ciudadano se convierte en socio, pero sin utilidades ni ganancias, y le toca pagar los platos rotos.
En la actualidad, la actividad administrativa de los titulares de las dependencias ha quedado mucho a deber, ya que sus obligaciones de administrar y aplicar correctamente el gasto público quedaron en el olvido. Y para muestra, solo hace falta levantar la mirada: por ejemplo, en el estado de Zacatecas se puede observar el abandono de las calles, las escuelas, las unidades médicas, así como la falta de inversión privada para el desarrollo económico y la generación de empleos.
En Zacatecas se dice que hay una idea para aquellos que pretenden incorporarse a las filas de los asalariados: trabajar en el Gobierno del Estado o trabajar en una presidencia municipal; esas son las dos opciones en Zacatecas. Pero entonces, ¿qué están haciendo aquellos que prometieron que nuestro estado cambiaría?, ¿dónde quedaron esas promesas? El mundo ideal que nos prometieron se perdió en sus bolsillos. Solo se enfocaron en cuidar su pago como gobernantes y titulares de las secretarías, sin importar el funcionamiento, progreso y beneficio de la población zacatecana, olvidando el estado de legalidad, pues la justicia, la salud, la educación, la vivienda digna y los derechos humanos no alcanzan para los de abajo, solo para un grupo selecto de personas que se encuentran en el poder.
Pero les tengo noticias. No sé si sean buenas o malas; eso ya depende de los ciudadanos, de cómo lo tomen. Ya vienen las elecciones para elegir a los gobernantes, donde ellos prometerán que ahora sí cambiarán las cosas para que nuestro Zacatecas se convierta en potencia nacional, así como lo han propuesto desde hace más de 30 años, pero nunca lo han logrado. Donde jurarán ante el Santo Niño de Atocha que ahora sí cumplirán sus promesas, y las firmarán ante notario público; y que la gente tendrá apoyos sociales. Los discursos vacíos de legalidad desfilarán por las redes sociales y las calles de Zacatecas.
Concluyo que los derechos humanos no son un mecanismo de negociación: tienen que dejar de ser una moneda de cambio. Se tienen que detener las amenazas a los que menos tienen, donde aquellos que se sienten dueños de un gobierno local como si fuera su empresa privada amedrentan, diciéndoles y engañándolos que si no votan por un color les quitarán sus derechos.