Mario Padila
Los hechos tumban los discursos. Ahora le dicen narrativa y la narrativa pública, oficial, puede ser desmontada, no precisamente por un gran escándalo sino por la repetición de pequeñas escenas o sucesos o posturas o declaraciones que los llevan al traste.
En Zacatecas, el gobierno de David Monreal Ávila se acerca peligrosamente a ese punto.
Lo sucedido con los frijoleros el 9 de mayo en la ciudad de Zacatecas es uno de los eventos. Esta administración lleva tres fallos, uno aceptado. El otro reconocido de lado.
Es necesario recordar la represión del 8 de marzo o el choque con las madres buscadoras el 8 de septiembre de 2025, cuando el gobernador David Monreal daba su informe de gobierno.
Si los vemos juntos, cada episodio se vuelve parte de un patrón político y discursivo demasiado reconocible. Digamos que hasta previsible.
En dos de los tres casos aparece Rodrigo Reyes Mugüerza. ¿Por qué? Porque es el secretario general de Gobierno; por ende, se entiende —se debería entender— que tiene la responsabilidad de la política interior.
La lógica gubernamental es más bien ramplona. Advierten de riesgos, provocaciones, infiltraciones, cuestiones políticas y después viene el operativo policiaco o el choque y luego la apertura de investigaciones, pero nunca se acepta frontalmente la responsabilidad política.
Antes del 8 de marzo de 2024, Reyes Mugüerza advirtió públicamente que habría grupos infiltrados y que se esperaba una marcha “violenta”. T hasta elaboró un video y después lo quitaron de redes -le encanta sentirse rock star-.
Horas después, las imágenes eran elocuentes: mujeres instaladas, golpeadas, arrastradas, gaseadas y perseguidas por los policías estatales. El país y el extranjero se dieron cuenta.
Aún hoy en día, al callejón de Las Campanas los colectivos feministas le llaman el callejón «de la ignominia».
En ese año 2024, días más tarde, el discurso gubernamental tuvo un giro y cambió el tono: habría investigaciones, diálogo y aceptación de posibles revisiones institucionales.
No hubo una disculpa, menos un reconocimiento explícito de la represión, pero se aceptó que los organismos de derechos humanos y la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas revisaran la actuación policial.
Se pasó de la narrativa preventiva de la amenaza a la necesidad política de contener el costo público, que ya era alto e irremediable.
En 2025, con las madres buscadoras ocurrió algo distinto, pero no mejor; todo detonó por el retiro de un tejido de rafia y manifestaciones durante el informe del gobernador.
La reacción gubernamental fue más contenida mediáticamente, quizá porque el tema de desapariciones tiene una sensibilidad nacional mucho mayor.
Ahí no apareció una aceptación pública de excesos, pero sí una investigación de derechos humanos y una rectificación parcial cuando el material retirado fue devuelto.
El gobierno entendió el costo de endurecer la narrativa frente a las madres buscadoras, si bien el actuar policial en esos momentos fue directo, duro y sin miramientos para quitarles su tejido.
Y llegó mayo de 2026. La protesta de frijoleros se convirtió quizá en el episodio más delicado de todos porque se articularon agravios en una sola narrativa social.
Los campesinos, universitarios, sindicatos, feministas, estudiantes universitarios, académicos, mineros, comunidad LGBTTQ+, mineros, madres buscadoras y otros terminaron en una marcha.
Todos bajo la percepción de un gobierno que responde con fuerza pública cuando pierde control político de la calle.
El discurso oficial volvió a parecerse demasiado al de 2024. Aparecieron referencias de amenazas, radicalización y “tintes políticos”.
Otra vez se intentó mover la discusión hacia la conducta de los manifestantes más que hacia la actuación policial.
El secretario general habló respecto a los señalamientos contra corporaciones de seguridad; reconoció que pudieron existir errores en los protocolos durante los operativos de contención.
Ahí radica el problema para el gobierno estatal, porque cuando un discurso se repite demasiado, deja de funcionar como explicación coyuntural y empieza a convertirse en identidad política.
Porque una cosa es que un gobierno enfrente una protesta conflictiva y otra, muy pero muy distinta, es que mujeres, madres buscadoras y productores agrícolas, sectores social y políticamente distintos entre sí, terminen describiendo experiencias similares frente al mismo aparato institucional.
El desgaste no necesariamente proviene de los operativos, proviene de la percepción acumulada.
Y cuando conectan episodios separados en el tiempo, las percepciones son más difíciles de revertir que cualquier crisis aislada.
Mientras el gobierno de David Monreal se vanagloria de sus «logros». Y ay de aquel que no le aplauda en redes…