La nueva desigualdad no es sólo económica, es mental. Atención, pensamiento y poder.

Carlos Alvarado

Hola y hoy no vengo a aplaudir. Vengo a pensar en voz alta. Bad Bunny, el conejo malo, logró algo potente en el escenario más visto del planeta: Reunió símbolos puertorriqueños, memoria, identidad y orgullo latino.

Habló de amor por encima del odio, de fraternidad continental; eso, culturalmente relevante, no se niega.

El problema no es el artista, el problema es la época que lo consume. Vivimos en tiempos donde el nacionalismo barato y el fanatismo cochino crecen como hiedra. La gente ya no escucha, solo oye; ya no analiza, idolatra; ya no piensa, repite.

Si millones lo siguen, debe de ser bueno; si rompe récords, debe ser un genio; y si usted pregunta, lo acusan de traición.

​Pero hay algo más profundo.

Eduardo Cassia pone el dedo en una herida incómoda: La brecha que viene no es solo la económica, es mental. Es de atención, de lectura, de criterio.

La nueva desigualdad será cognitiva: unos con capital intelectual, otros con chatarra diaria. Mientras una minoría entrena concentración y pensamiento complejo, la mayoría vive en cápsulas de quince segundos, memes, mentira fácil y tribalismo. Eso no es simple entretenimiento, es una dieta y, como dieta, termina modelando el cuerpo y también la democracia.

​Debido a que los gobernantes no llegan de Marte, salen de la población. Una sociedad que ya no piensa produce líderes que ya no piensan.

Cuando la política se convierte en espectáculo permanente, en humillación pública, en revancha emocional y culto al líder, no existe un avance, existe un regreso.

Por eso la discusión no es si Bad Bunny es el bueno o el malo. La pregunta es otra: ¿estamos formando ciudadanos capaces de distinguir arte de propaganda, o popularidad de talento? Estamos conectados, y nunca antes fue tan fácil desconectarnos por dentro.

Si la mediocridad rompe récords y nadie lo cuestiona, el problema no está en el escenario, está en la cabeza. Cuando la brecha mental se vuelve abismo, ya no se trata de música.

Síganme en redes sociales como Carlos Alvarado. Comenten y analicen; pensar no es un lujo, es la última defensa que nos queda.

Artículo Anterior

Cuatro detenidos por agresión a la FRIZ

Siguiente Artículo

No fue ataque contra familia Aguilar: Rodrigo Reyes

Write a Comment

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

PLAY y escucha Radio Evolución