Saúl Monreal, senador
La toma de protesta de Ariadna Montiel al frente del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, durante el Octavo Congreso Nacional del partido en la Ciudad de México, marca mucho más que un relevo en la dirigencia, abre una etapa decisiva para el movimiento en vísperas de las elecciones en el 2027. No se trata solamente de cambiar nombres en la estructura nacional, sino de definir si Morena habrá de consolidarse como un partido con vida institucional propia o si permitirá que las inercias de grupo le arrebaten el rumbo.
La conversación pública que siguió al nombramiento, particularmente en redes sociales de Zacatecas, dejó ver dos pulsos muy claros. Por un lado, la militancia que celebró el relevo con una expectativa legítima: que el partido recupere orden, disciplina y cercanía con su base. Por otro, las voces que, desde la prisa facciosa o el cálculo anticipado, intentaron leer el relevo nacional como una señal de reposicionamientos locales. Esa tentación es precisamente la que Morena debe evitar.
Zacatecas no necesita un partido atrapado en disputas internas, ni en la lógica de las descalificaciones entre compañeros. Necesita un Morena que entienda que su principal fortaleza no está en los grupos, sino en la organización; no en las coyunturas, sino en el territorio; no en los espectaculares, sino en el trabajo político de base, el mayor riesgo para el movimiento no está afuera, sino en la soberbia interna de quienes confunden representación con propiedad.
La nueva dirigencia nacional tiene una responsabilidad central: conducir al partido por el cauce institucional. Eso significa reglas claras, respeto entre militantes, piso parejo para la participación y una conducción que privilegie la unidad política sin cancelar la pluralidad. Morena no puede repetir los vicios de los partidos que combatió: el sectarismo, la exclusión y la simulación.
En Zacatecas, esa ruta debe traducirse en una tarea concreta: volver a tocar puertas, reorganizar comités, formar cuadros, escuchar a la militancia y reconstruir comunidad política desde abajo. El partido no puede depender únicamente de liderazgos visibles ni de la fuerza electoral acumulada. Debe volver a su esencia: organización, conciencia y territorio.
Si Morena quiere llegar fuerte a 2027, debe entender una lección elemental: la unidad no se impone, se construye. Y se construye con institucionalidad, con respeto entre compañeros y con trabajo real en cada colonia, en cada comunidad y en cada rincón de Zacatecas.