Carlos Alvarado
Hoy no vamos hablar de fe, vamos a hablar de un expediente que sigue incomodando al Derecho después de siglos: El proceso de Cristo.
Ignacio Burgoa lo estudió como jurista, no como creyente, y lo que encontró es una estructura que debería de inquietarnos dos juicios, uno religioso y otro político.
Ambos con irregularidades suficientes para cuestionar su validez, no era un proceso para descubrir la verdad era un proceso para justificar una decisión y entonces aparece la figura de Poncio Pilato, autoridad, competencia, poder para decidir conforme a Derecho y se enfrenta a lo básico
No hay un delito claro,no hay prueba suficiente, no hay sustento jurídico para condenar, intenta liberar hasta ahí.
El Derecho respira, pero entra lo que siempre llega cuando la ley incomoda la presión: El cálculo, la necesidad de evitar conflictos, la tentación de que el problema no estalle aunque la justicia se fracture y entonces ocurre lo más delicado.
El Derecho no desaparece. Se queda, pero deja de ser límite y se convierte en instrumento laptop. Reconoce la inocencia pero firma la condena no por prueba no por verdad por conveniencia.
Y aquí es donde el espejo se mueve hacia Mexico porque este modelo no sólo existe, se ha profundizado en los últimos años, tenemos un sistema donde hay personas privadas de la Libertad sin procesos completos sin defensa efectiva sin expediente sólidos, esto es retórica.
Mexico ha sido condenado internacionalmente por esas prácticas y aún así el sistema sigue operando no porque no haya leyes, hay muchas, cada vez más, discursos, diseños institucionales, todo muy ordenado, pero hay un detalle incómodo, se ha debilitado.
La lógica de los contrapesos se ha normalizado que el poder concentra de que el Derecho llegue después a justificarlas y cuando ocurre el juez deja de ser garantía y empieza el trámite, no hace falta decir nombres se reconocen los efectos decisiones políticas que pesan más que los expedientes narrativas que importan más que las pruebas.
Una estructura que permite que todo eso ocurra con la apariencia de legalidad, como en aquel proceso no vemos túnicas ni plazas, audiencias, carpeta resoluciones, todo impecable en forma, pero la pregunta sigue siendo la misma de hace 2000 años, si está juzgando con verdad o se está administrando una decisión.
Porque cuando el Derecho se usa para al poder y no para limitarlo deja de ser justicia, se vuelve algo mucho más peligroso, un sistema que funcione.
Yo soy Carlos Alvarado, sígame en redes sociales, comentae, analice y dialogue, porque cuando el Derecho incomoda al poder el que termina pagando es el ciudadano.