El fantasma del intervencionismo está vivo

Saúl Monreal, senador

Amigas y amigos que nos siguen a través de radievolucion.com, América Latina enfrenta uno de los momentos más delicados en décadas. La reciente operación militar de los Estados Unidos en Venezuela, en la que fuerzas norteamericanas entraron en territorio soberano y capturaron al presidente Nicolás Maduro, ha reavivado panoramas que creíamos superados, como el intervencionismo unilateral, la vulneración del derecho internacional y la amenaza abierta a la autodeterminación de nuestros pueblos.  

No se trata de un hecho aislado ni sorprendente para quienes hemos repasado la historia de nuestra región. A lo largo del último siglo, Estados Unidos ha intervenido, directa o indirectamente, en múltiples ocasiones, con resultados que han dejado cicatrices profundas en nuestros pueblos. Ejemplos emblemáticos son el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz en 1954, promovido y ejecutado por la CIA tras reformas agrarias que afectaban intereses corporativos estadounidenses, desencadenando décadas de violencia y desconfianza social; la invasión a Bahía de Cochinos en 1961, donde fuerzas entrenadas y apoyadas por Washington intentaron derrotar a la revolución cubana; y el respaldo silencioso y eficaz al golpe militar que derrocó al presidente Salvador Allende en Chile en 1973, preludio de una de las dictaduras más brutales en nuestra historia contemporánea.  

La historia continúa con la intervención militar en Panamá en 1989, denominada “Operación Causa Justa”, en la cual tropas estadounidenses invadieron el país para deponer al general Manuel Noriega, con consecuencias humanitarias significativas.  Estos hechos no son meras anécdotas. Son parte de un patrón de actuación que convierte a nuestra región en un espacio donde se ignoran principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas y de la propia diplomacia moderna.

Hoy, ese patrón ha regresado con fuerza. La operación del 3 de enero de 2026, ejecutada sin autorización multilateral ni mandato del Consejo de Seguridad, representa un hito preocupante: la primera intervención militar de Estados Unidos en América Latina en lo que va de este siglo.  Más aún, la retórica de la Casa Blanca, encarnada en la figura del presidente Donald Trump, ha dejado entrever la posibilidad de acciones similares en Colombia o incluso en nuestro territorio bajo el pretexto de combatir el narcotráfico.  

Frente a tales amenazas, México ha reafirmado su postura inquebrantable a favor de la no intervención, basando su política exterior en el respeto a la soberanía y en el principio constitucional que nos rige desde la doctrina Carranza: no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de controversias. En recientes declaraciones, la presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado categóricamente cualquier intento de intervención extranjera en Venezuela y en nuestro país, afirmando que “cooperación sí, subordinación no”

Ese posicionamiento no es un acto de debilidad, sino de firmeza y dignidad. Es un llamado a que la comunidad internacional recuerde que los pueblos de América Latina no somos zonas de influencia, sino naciones libres y soberanas, capaces de resolver sus conflictos internos mediante el diálogo, la diplomacia y el respeto a las leyes internacionales.

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