Otra marcha fallida para los conservadores

Saúl Monreal, senador de la República

Reciban un sañudo amigas y amigos que nos siguen e través de Radioevolucion.com, soy su amigo Saúl Monreal Ávila, las recientes movilizaciones autodenominadas como expresiones de la “Generación Z” en la Ciudad de México, culminadas el domingo 14 de diciembre de 2025 con una nueva marcha que buscaba proyectarse como significativa, han resultado en ejercicios ciudadanos de escasa legitimidad social y estadística, evidenciando no una insurgencia juvenil genuina, sino una narrativa inflada alejada de la realidad participativa efectiva.

De acuerdo con reportes noticiosos, la denominada “Marcha del Silencio” convocada para el 14 de diciembre en la capital del país, a través de plataformas digitales con amplia difusión mediática, culminó con una afluencia notablemente reducida, con presencia escasa de personas jóvenes propias de la generación Z y una participación predominantemente de adultos mayores, lo cual contradice explícitamente la autodefinición del movimiento como emergente de la juventud nacida entre mediados de los años noventa y principios de la década de 2010.  

Este fenómeno de baja convocatoria no es un hecho aislado. La segunda marcha organizada el 20 de noviembre en la Ciudad de México tuvo una participación estimada en apenas 150 a 200 asistentes, según cifras oficiales de seguridad capitalina, lo que debe ser analizado con objetividad técnica: en un contexto urbano de más de 20 millones de habitantes, dicha cifra representa una participación ciudadana marginal y no un movimiento de impacto sociopolítico significativo.  

Incluso en jornadas previas, donde diversas agrupaciones y segmentos de la oposición buscaron capitalizar la narrativa con marchas simultáneas y estrategias de difusión en redes, la asistencia se mantuvo por debajo de expectativas, y frecuentemente estuvo compuesta por contingentes ajenos a la demografía que se pretende representar, exacerbando discrepancias entre la autodenominada causa y la realidad demográfica observada.  

Este desfase entre convocatoria y asistencia se explica en parte por la instrumentalización política de consignas y símbolos juveniles para fines ajenos a las preocupaciones reales de la población joven: empleo, educación, seguridad y oportunidades. Estudios de organización digital documentan que la base de los grupos virtuales detrás de estas marchas es reducida y con conflictos internos, lo que limita la capacidad de articulación comunitaria efectiva y democrático-participativa.  

Desde una perspectiva normativa, el derecho a la libre expresión y a la protesta pacífica es una conquista constitucional incuestionable; sin embargo, la eficacia de una manifestación como herramienta de demanda social radica en su representatividad y el sustento de reivindicaciones articuladas con datos y análisis estructurados. En este caso, la persistente cooptación por agendas ajenas, la presencia mayoritaria de adultos y la escasa movilización de jóvenes auténticos abonan a la percepción de que estos ejercicios han sido más un espejismo político que un movimiento social orgánico.

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